por ANA MARIA BEBIC

Articulo publicado en Mayo de 2001 - Buenos Aires

El sistema neoliberal, invocando "el mercado libre" e imponiendo su regla de juego logra efectos devastadores para una Nación, sometiendo entre uno de sus peores males, a la mayoría de la población, a un acostumbramiento por el paso del tiempo, a la exclusión social, a la indefensión, a la violencia, al fracaso, a la esclavitud [1] .

Solo puede haber justicia entre iguales; cuando una de las dos fuerzas es muy superior, entonces ésa impone sus intereses y la fuerza más débil se limita a obedecer su voluntad. Tucídides.

Se habla tanto y tanto de los mercados, desde la teoría, desde lo que debería ser, de la "perfección" que implica la búsqueda de la "competencia", como si estuviéramos suspendidos en el espacio, hablando desde lo abstracto, como si tuviéramos los argentinos, todo el tiempo del mundo para esperar que el mercado se "acomode". Como si el hambre, la desesperanza y la incertidumbre pudieran saciarse, con querer justificar lo injustificable, y luego resolver los desfasajes del actual modelo, que como conejillos de indias se comenzaron a aplicar en los países que necesitaban el tan ansiado "crecimiento". La verdad es muy diferente por cuanto los mercados y la "libre competencia" son a menudo pasibles de control por parte de las instituciones, empresas e individuos que logran concentrar en sus manos el PODER para dictarle al mercado los términos que más les convienen. Pensar que todo se rige por la "libre competencia" implica caer en un infantilismo que solo los "expertos" del neoliberalismo son capaces.

Se habla tanto y tanto de los mercados, desde la teoría, desde lo que debería ser, de la "perfección" que implica la búsqueda de la "competencia", como si estuviéramos suspendidos en el espacio, hablando desde lo abstracto, como si tuviéramos los argentinos, todo el tiempo del mundo para esperar que el mercado se "acomode". Como si el hambre, la desesperanza y la incertidumbre pudieran saciarse, con querer justificar lo injustificable, y luego resolver los desfasajes del actual modelo, que como conejillos de indias se comenzaron a aplicar en los países que necesitaban el tan ansiado "crecimiento". La verdad es muy diferente por cuanto los mercados y la "libre competencia" son a menudo pasibles de control por parte de las instituciones, empresas e individuos que logran concentrar en sus manos el PODER para dictarle al mercado los términos que más les convienen. Pensar que todo se rige por la "libre competencia" implica caer en un infantilismo que solo los "expertos" del neoliberalismo son capaces.

Partiendo de la teoría podemos comenzar a analizar, para entender este fenómeno, los tipos de mercados y hacer una primera referencia, a modo de introducción, a los mercados de competencia perfecta.

Estos mercados son ideales, es lo que debería ser, no lo que es. En esta clasificación la elasticidad de la demanda es totalmente elástica. Este tipo de mercado no permite el aumento de precios, pues a una pequeña modificación de éste el consumo se retraería. Y esto sería así, si existieran muchísimos productores y muchísimos consumidores que fuesen unidades suficientemente pequeñas como para que ninguna de ella influyera en el precio de comercialización. De este comportamiento surgiría el precio transparente, el más limpio y el más justo.

En cambio, en los mercados de competencia imperfecta el productor es lo suficientemente grande, hay uno o muy pocos vendedores del bien o servicio y muchísimos consumidores. El monopolio es una organización de mercado en donde la competencia es inexistente, a éstos se los denomina demanda cautiva, por eso la elasticidad directa es la más inelástica de todos los mercados. Al haber un solo oferente, éste tiene la plena capacidad para determinar el precio. Entonces el precio de comercialización que establecerá será el más alto posible, definido como "precio sucio o precio injusto".

El verdadero poder del mercado de un monopolista depende de la medida en que otros bienes pueden utilizarse como sustitutos en el consumo. Existen sustitutos pero éstos son imperfectos, por ejemplo: podemos reemplazar momentáneamente la luz eléctrica por velas, más no indefinidamente. La utilidad que brinda la energía eléctrica no es comparable a la utilidad que ofrecen las velas. De esta simple comparación podemos inferir que al no tener sustitutos perfectos el productor fijará el precio donde obtenga su óptimo resultado.

Entre los factores que intervienen en la aparición de los monopolios se pueden destacar:

  • El control exclusivo de un factor productivo por una empresa. El otorgamiento de la concesión de un servicio público por parte del estado. La vigencia de una ley para explotar un determinado producto o servicio. La concesión de una patente de invención.

Cuando una industria se monopoliza, el precio de comercialización será mayor al que surgiría si las fuerzas del libre juego de la oferta y la demanda lo fijaran, mientras que el nivel de producción será inferior debido a una demanda menor que está dispuesta a pagar ese precio, si el precio baja la demanda aumenta . Por tanto la empresa monopólica obtendrá, en general, mayores beneficios que en condiciones competitivas, y los consumidores se verán perjudicados al pagar un precio superior al ver reducida la cantidad ofertada del bien.

La diferencia que existe entre una empresa que actúa en un mercado de competencia perfecta y otra que lo hace en uno monopólico es que la empresa única al cobrar más por menos cantidad vendida obtiene un mayor beneficio, éste mayor beneficio es detraído de la riqueza social, es decir, lo que la sociedad le entrega mansamente de más a la empresa, al abonar un mayor precio, por un bien o servicio que no puede adquirir de otro modo.

Cualquier empresa que desarrolla su actividad en un mercado oligopólico puede llegar a liderar el mercado y desarrollar estrategias que la lleven a convertirse en monopólica. Esta tendencia es observable en los distintos grupos o personas con gran poder económico que van adquiriendo partes de otras empresas competidoras hasta el punto de poseer una participación accionaria mayoritaria pretendiendo liberarse de sus competidores. Su primera estrategia es la de lograr el control de la empresa competidora y más tarde absorber el resto del paquete accionario.

En el nuevo orden mundial, la movilidad de los recursos financieros es una constante y cuando un grupo económico o una sola persona adquiere el control de una empresa competidora, generalmente, también adquiere parte de las empresas vinculadas a ésta. La voracidad del poder financiero y económico es inmensa y no deja librado al azar su intención de dominio absoluto del mercado.

El mercado perfectamente competitivo y el monopólico son polos opuestos de un mismo eje, como el mercado ideal no existe la realidad se ubicará en algún punto intermedio y el fenómeno universalista como proceso de concentración de riquezas hará que los mercados se acerquen cada vez mas al polo imperfecto.

Está claro que el mercado "puro" no existe. Entre otras cosas por la gran vinculación que tienen los grandes grupos económicos con el propio Estado.

Como el mercado perfecto no se lo puede encontrar, invocar el mercado libre no significa otra cosa que dejar todo como está. Es decir, dejar, por ejemplo, que esas corporaciones sigan imponiendo sus reglas de juego.

Todo este tema es un fenómeno esencialmente social, aunque su raíz sea económica, porque esa concentración está impidiendo que toda la sociedad reciba los frutos del esfuerzo cotidiano.

Se necesitan políticas, instituciones o estructuras que ayuden a corregir las distorsiones propias del mercado. Mucho más cuando tiene rasgos pronunciados de concentración.

Las distorsiones actuales del mercado en la Argentina son:

  • El costo financiero: La oferta concentrada de dinero se encuentra en los bancos extranjeros como consecuencia de haber abandonado el Estado el derecho soberano de emitir moneda (por la Ley de Convertibilidad ). Estos mercados financieros que hoy monopolizan nuestra economía venden el dinero a tasas usurarias afectando a los clientes, a los comercios, industrias y consumidores.
  • El costo impositivo. El pequeño empresario no tiene los recursos para contratar grandes consultoras que le planifiquen cómo y qué impuestos pagar. Por eso pagan más los pequeños que los grandes.
  • Los precios de ciertos servicios públicos subieron por encima de la inflación y del poder adquisitivo de la población. Por eso son caros.
  • La distribución de ingresos es desigual. El desempleo sigue alto y existen grandes bolsones de pobreza. Por eso hay fractura social.

Sin embargo es posible hacer frente a la competencia imperfecta con medidas que constituyen el núcleo de la actitud moderna hacia las grandes empresas:

· Hacer cumplir la Ley antimonopolio (que a los pocos meses de su vigencia en nuestro país fue violada ).

· Fomentar la competencia.

· Implementar una Política de Regulación: Organismos reguladores especializados controlan la producción, los precios, la entrada y salida de empresas de las industrias reguladas como los servicios públicos y el transporte.

Otras formas de frenar la gran sangría social que producen estos tipos de empresas, aunque estas medidas ya fueron utilizadas en nuestro país son: la nacionalización de las compañías, los controles de precios o la aplicación de impuestos. La mundialización de los discursos es consecuencia de la globalización de los mercados: estabilidad de los precios, equilibrio presupuestario, competitividad, privatización, desregulación. Son discursos similares en todo el planeta. Su dogma perfila al mercado como " el único sistema a través del cual se decidirá y se organizará la competencia entre los países y la devolución de riquezas y posiciones en el interior de los países" [2] .

La ideología del mercado choca con una limitación que casi no se enseña: un funcionamiento, incluso óptimo, de una economía de mercado, aunque se trate de la más rica, no garantiza la supervivencia de la población.

La globalización como proceso de gigantesca concentración de riquezas hace que se beneficien cada vez más las empresas y cada vez menos los pueblos. La disparidad en la distribución de los ingresos, en la Argentina, responde al proceso intenso de la concentración de la riqueza que, precisamente, las llamadas "leyes de mercado" estimulan. La tendencia a la concentración y al monopolio es propia del sistema. El viejo concepto de "la mano invisible del mercado" está articulado por un "poderoso brazo" que siempre tiende a hacerse monopólico y lo logra mediante una planificación surgida del "Cerebro del Mundo", el cual dirige el brazo y la mano [3]

La exclusión social aumenta debido a que la riqueza se sigue concentrando en la Argentina cada vez más en menos manos. Hay quienes sostienen que se trata de un "fenómeno mundial", sin especificar que se da en algunas regiones determinadas -no en todas- por lo tanto, parecen justificar esta injusticia.

El gasto público se eleva por el peso de los intereses pagados por la deuda externa, a los que nadie planea ponerle límite.

Tampoco se lleva un combate efectivo contra la desocupación y el trabajo en negro, que son otras formas de profundizar aún más la desigualdad social.

El desempleo masivo crea un sentimiento de incertidumbre y la pérdida de identidad. El medio de la identificación social en las sociedades democráticas es el trabajo, todos conocemos las relaciones que se establecen dentro de una empresa. Es trabajo es el gran elemento de cohesión, es lo que otorga identidad política y personal a los individuos. Hoy se hace cada vez más evidente que el porvenir de las personas aparece menos ligado a un destino común, colectivo. A través de ese "programa científico" que es el modelo neoliberal se lleva a cabo un inmenso trabajo político que apunta a crear las condiciones para la destrucción de los colectivos.

En Argentina, como en el resto de los países latinoamericanos, hay bolsones de pobreza, exclusión social significativa y miseria, y esto significa violencia.

El modelo del capitalismo salvaje adhiere al individualismo y en situación de crisis social, lo que más se percibe es su aspecto negativo: las mayores probabilidades para los individuos son hoy las del fracaso.

El individualismo hace que la gente se sienta responsable personalmente de su fracaso, que no lo vea como un hecho social.

Últimamente ha surgido una novedosa y efectiva forma de "acción directa y mixta", peligrosamente invisible llamada Doctrina de la Contención. Esta novedosa doctrina consiste sencillamente en que cada integrante de una sociedad se sienta un permanente "infractor" o un permanente "delincuente", logrando de esta forma, por un lado, que cada individuo no tenga nada que reclamarle al poder de turno debiendo aceptar calladamente ser despojado de sus bienes sociales e individuales y, por otro lado, se logra la desunión de un pueblo fomentando un individualismo recalcitrante. Con esto, una sociedad se auto despoja en mutua complicidad. [4] Esta doctrina se implantó corrompiendo tanto a los sectores civiles como militares, para ello se utilizaron dádivas, negociados, coimas y otros beneficios personales perversos y así tenerlos como "empleados" incondicionales bajo amenaza de ser descubiertos y perder el status ostentado.

Hoy existe un déficit de futuro: los hijos tendrán un destino menos bueno que el de sus padres. El aumento de las incertidumbres, la vulnerabilidad social y la fragilización es, en parte, consecuencia de una renuncia de la mayoría de los gobiernos a establecer un verdadero contrato social que permita que toda la sociedad, y no sólo una minoría, se beneficie con el crecimiento económico [5]

La globalización presenta la necesidad de reformulación del rol del Estado que en buen castellano significa más ajuste, mas desocupados. No es prudente dejar sin recursos a una importante cantidad de población sin formar una importante red social que sirva de sostén hasta tanto estas personas logren incorporarse a una nueva actividad.

Tampoco se debería olvidar que la economía no es un fin en sí mismo sino un medio social. Cuando no cumple ese cometido se convierte en una carga para toda la sociedad. Cuando el Estado se retira de su asistencia social, los que más sufren son los niños y los ancianos.

El maquiavelismo tangible de la utopía neoliberal, de lograr "un mercado puro y perfecto" a través de la acción transformadora y destructiva de todas las estructuras colectivas capaces de obstaculizar la lógica del mercado puro, es posible gracias a la política de desregulación financiera.

Estas estructuras colectivas decididamente a ser destruidas son:

  • La Nación: cuyo margen de maniobra es cada vez más limitado.
  • Los grupos de trabajo en donde los salarios y las carreras se encuentran en función de las competencias individuales logrando la atomización de los trabajadores. Las desigualdades atraviesan distintas categorías sociales. Afectan a personas de origen y educación similares, pero que sin embargo tienen destinos muy diferentes. Esas desigualdades hacen que ciertos ejecutivos terminen desocupados y otro no. Que algunos empresarios acaben en la quiebra y otros prosperen. Que ciertos obreros tengan trabajo y otros con la misma calificación, estén años sin trabajo. [6]
  • Los colectivos de defensa de los derechos de los trabajadores: sindicatos, asociaciones, cooperativas.
  • La familia: a través de la constitución de mercados por clases de edad, pierde una parte de su control sobre el consumo.

El programa neoliberal de esta manera tiende a favorecer la ruptura entre la economía y las realidades sociales.

La Argentina está fracturada socialmente. La injusta distribución de la riqueza, que se profundizó en la última década, está agrupando políticamente a una mayoría de la población, los "nuevos pobres". Éstos son personas que tuvieron una calidad de vida superior, algunos están todavía organizados en sindicatos, cooperativas, asociaciones barriales, pero otros surgen como nuevos movimientos de participación, y esto puede dar lugar a fenómenos políticos y sociales difícilmente calculables y controlables.

Vivimos en un mundo donde lo político abandonó su responsabilidad fundamental, que es buscar la cohesión social. El desequilibrio que más amenaza a la sociedad y, por ende, a la democracia es el desempleo.

El verdadero problema es que la ideología neoliberal convenció a los políticos que son impotentes, de que lo político está bajo la tutela de los mercados. El discurso político actualmente de este a oeste y de norte a sur, consiste en decir: "lo único que podemos hacer es adaptarnos a la globalización". Y eso no es un proyecto de futuro, es de supervivencia.

El dominio de esta ideología nefasta entronizó al mercado y apartó a las élites de la población. Existe un abismo que las separa, éstas élites están convencidas que tienen razón. Es decir, se equivocan. No se puede tener razón contra la mayoría de una sociedad que clama por la equidad.


 

1] Se excluyó del consumo a 15 millones de habitantes con este tipo de política económica.

[2] Este pensamiento se hace trizas con el aumento del trueque día a día en nuestro país. Ya hay 320.000 personas diseminadas a lo largo y ancho del territorio. Esta economía "informal" a pesar de no utilizar dinero en sus transacciones se calcula que movilizan unos 400 millones de dólares al año.

[3] Ver ¨El cerebro del Mundo. La otra cara de la globalización¨. Adrián Salbuchi. Ediciones del Copista.

[4] Párrafo del artículo: "Doctrina de la Contención" de J.Boubeta

[5] Palabras del economista Jean-Paul Fitoussi, asesor del gobierno francés de Lionel Jospin.

[6] Estas desigualdades impiden que la sociedad se estructure políticamente pues no hay nada en común entre un empresario en bancarrota, un ejecutivo desocupado y un asalariado sin trabajo. No constituyen la misma categoría social y por lo tanto esas personas no pueden articularse políticamente. Es por esa razón que no existen o son muy débiles los sindicatos de desocupados. Se produce así una gran atomización social.